martes, 12 de febrero de 2013

Última semana, última actualización

Bueno, ya hace una semana que volví de mi erasmus... así que voy a hacer la última actualización. La actualización de mi última semana, que aunque corta, fue muy intensa.
Lamento no recordar demasiado bien como sucedieron las cosas cronológicamente el lunes y el martes, pero el resto de la semana está muy claro en mi cabeza. Recuerdo que uno de los dos días me fui con Marie a pasear al lago... el lunes. Luego el martes fui a recoger a Alicia y Anaïs a la universidad, Anaïs se fue a casa de nuestra abuelita y Alicia y yo fuimos a comprar los billetes para un castillo que el jueves.
A las 7 más o menos Alicia y yo nos juntamos con Celian y Anaïs y nos fuimos al "pot d'accueil" de los nuevos erasmus, una acogida en la que daban comida y bebida gratis. Tuvimos que esconder al pobre Celian porque no sabíamos si al ser francés no-padrino de nadie podría estar allí, pero no hubo ningún  problema.
Luego nos fuimos a patinar sobre hielo, la 2º y última vez que patinaría en aquel estadio de hockey. Pero me gustó, Alicia y yo fuimos cogidas todo el rato y fue divertido chinchar a Anaïs y Celian un rato.
El miércoles no pude comer ya que preparamos cosas para lo que sería mi cena de despedida. 1kg de ensalada de pasta, 4 tortillas de patata y un montón de rebanadas de pan con tomate y jamón serrano que Anaïs trajo de España. Vamos, que salvo la pasta, una cena española en toda regla.
En la cena de despedida. Con Aurora, Sandy, Natalia, Léa (en la foto) y más gente que no sale.
Mi querida Marie, me regaló un peluche de canguro
que compró en su viaje a Australia y que era muy especial para ella, y para mi también.
Jueves, día muy especial, me voy con Anaïs y Alicia al castillo de Azay-le-Rideau. Pequeñito pero precioso. Pasamos una mañana muy agradable allí las 3 juntas. Hicimos fotos, nos enamoramos de una perrita... La verdad es que es uno de los días que recuerdo con más cariño de todo mi erasmus. Por la tarde empezó el estrés... a limpiar la habitación, porque el viernes 1 de Febrero tenía que dar mi llave. Lloré mucho del agobio, tenía demasiados trastos en la habitación. Al final tuve que llamar a Anaïs para que me ayudara a organizarme y se llevara cosas a su habitación, ¡un caos! pero al final lo conseguí. Esta sería la última vez que  dormiría en la Chambre RJ20 de la Résidence St-Symphorien de Tours.
Azay-le-Rideau, el castillo que guardo con cariño por ser el
único en el que hemos ido las 3 juntas.
El viernes por la mañana el estrés seguía, llevé las cosas desde mi habitación a la de Anaïs, pasó la mujer de la limpieza que dio su visto bueno y tal, pero el problema llegó cuando tuve que devolver la llave y no había nadie en recepción. Al final, la paciencia me calmó y a las 2 horas pude dar tristemente la que había sido la llave de mi hogar durante 5 meses. Por la tarde la cosa mejoró muchísimo, diluviaba pero salimos a dar una vuelta Anaïs, Celian, Erskine y yo, y acabamos tomando un chocolate en un bar bastante guay del centro de Tours que tenía juegos de mesa gratis. Nos divertimos con uno de acertijos super dificiles, pero la hora llegó y tuvimos que ir a recoger a Alicia para cenar en nuestro maravilloso Mamie Bigoude. Como tuve problemas económicos fueron mis dos niñas las que me invitaron a cenar, nos lo pasamos de maravilla, y luego, por la noche, vimos Big Fish en la habitación de Alicia. Me dieron unos regalos que me habían comprado... y no pudimos evitar llorar. Nunca imaginé que decir un simple adiós costara tantísimo y doliera como lo hizo.
Haciendo las tontas en Mamie Bigoude con sus cuadros. A la
izquierda se puede ver que el grifo del baño es la cabeza de un aspirador.
Ali y yo en Mamie Bigoude y sus paredes de tela.
El sábado por la mañana nos levantamos tarde, para comer, ya que mi autobús no salía hasta las 18:10. Al final después de despedirme de mi querida residencia, Alicia, Anaïs y Arnaud me acompañaron a la estación de autobuses, en la que pasé mis últimos momentos con ellos. Estaba muy nerviosa ya que el conductor casi no me deja despedirme, pero al final los conseguí. Cuándo el autobús salió, los vi correr por la ventana, ya que hacía mucho frío, y giraron la cabeza para buscarme, pero yo estaba en el otro lado.
Lo último en decir es que la noche fue muy larga, y que llegué a Valencia el domingo a las 8:30 de la mañana   tras 14 horas de viaje.
Aunque suene todo muy triste, no fue todo una tragedia al llegar aquí, tengo gente a la que quiero, necesitaba ver y que echaba de menos, pero está claro que tener que despedirte de gente a la que no sabes cuándo vas a volver a ver, es duro.
Anaïs me regaló la piruleta de chocolate,
Marie el peluche del canguro,
entre todos el librito firmado y lleno de fotos que tanto me emocionó,
y mis dos amores granadinos el llavero de Azay-le-Rideau que no pude comprarme.
Y así acaba mi blog del erasmus, espero que os haya gustado compartir mi ciudad y mis pensamientos que tanto me cuesta tener controlados a la hora de escribir. Gracias por haber estado ahí durante todo mi blog, y fuera de él.

Besos,
Lola.

FIN